Posteado por: xkyo | mayo 14, 2009

El olvido de lo importante

En  ocasiones la esencia se olvida. No sé en qué momento de mi vida yo la dejé pasar. No sé si fue por la sociedad materialista y llena de máscaras en donde me desenvolví o porque simplemente dejé que una coraza cubriera mi visión para no sufrir por las circunstancias en las que vivimos.
Cuando tenía siete años, nada de lo de afuera me importaba, era un niño flaco (ahora soy lo contrario), algo miedoso para enfrentarme a los demás, pero tenía claro cuáles eran mis prioridades como ser humano, claridad que ahora en mi juventud adulta no encuentro. A los siete años luché por cada una de las cosas que eran importantes para mi. Cuando tenía esa edad vivía frente a un jardín que le decíamos el triángulo.  A mi se me hacía gigantesco, habían dos columpios oxidados y una resbaladilla simi-destruida que fueron parte esencial de mi formación de juego. Ahí habían muchos insectos y casi todas las familias que rodeábamos el parque teníamos alguna mascota.
Desde niño y sobre todo a los siete años, yo cuidaba de todos los animales, para mi era algo que formaba parte de mi esencia. Realmente sufría cuando no podía hacer nada por ellos. En una ocasión llegó a mi jardín un pequeño pajarito que no podía volar. Mi mamá estaba  enferma en esa época y toda mi familia vivía en una presión constante, menos yo. No supe que hacer con el pajarito, así que busqué una cajita de cartón, recolecté los periódicos que había dejado mi papá en la mesa y le hice una casita. Traté de darle comida, pero el pajarito no abría el pico, estaba asustado y no quiso comer. Al otro día me asomé a la cajita y el pequeño animal estaba muerto. Estoy seguro que no fue por comida, estaba tan asustado de que le hiciera algo que su cuerpecito no aguantó.
En esa misma semana un tipo llamado Nico, estaba matando a los pipioles (unos insectos voladores de color café que se juntan en el pasto y plantas cuando hay humedad) y yo como era defensor de los animales le pedí que no lo hiciera. Él me tiró de a loco y siguió pisando a los insectos. Yo en mi impotencia me le fui a las patadas, pero como él era más grande que yo terminó ganando en los golpes. Sé que no era la forma más civilizada de solucionar la situación, pero el tipo no escuchaba razones y para hacerse el gracioso con sus bobos amigos había matado muchos de aquellos insectos que no le hacían absolutamente nada. Así que fui por un frasco gigante de mayonesa, lo lavé, le hice unos orificios a la tapa y metí todos los pipioles que pude, no sé cuantos fueron , pero calculo en mi recuerdo de niño como unos 600 aproximadamente. Para que estuvieran a salvo los llevé a mi cuarto y los dejé salir, de inmediato mi habitación se llenó de animalitos voladores y comenzaron a salir al resto de la casa por el espacio que divide a la puerta del piso. Finalmente entre toda mi familia los dejamos salir, nadie mató uno solo. Entendieron mi punto de vista y mi acción al tratar de salvarlos.
Ya pasaron muchos años y ayer recordé todos esos buenos sentimientos que tenía de niño. Iba con mi socio a entregar un presupuesto para un trabajo, yo veía por la ventana del coche a las personas en la calle cuando escuché un chillido de un perro, su lamento era de auxilio, de dolor. Volteé y lo vi tirado en medio de la calle, lo había atropellado un auto y el perrito se quejaba de su pata. A los siete años hubiera hecho todo lo posible por bajarme del carro, detener el tráfico y obligar a mi papá o a quien fuera de que lleváramos al animal a un veterinario. Pero ayer no hice nada, tenía prisa por entregar el presupuesto y no me detuve a ayudarlo. Por el retrovisor vi que el perrito se pudo levantar y se fue para la acera  y en ese momento mis ojos se llenaron de lágrimas de inmediato. No estaba a punto de llorar por el perrito, sino por mi, pero como muchas veces en mi vida me contuve y me tragué el llanto para no verme débil.
Hoy en la mañana vi a un pajarito rebotar del toldo de un coche, estuve apunto de atropellarlo, pero me detuve a ver si estaba bien,  el animal ya estaba muerto y yo me sentí mierda por lo de ayer. Así que escribo estas líneas para purgar mi culpa, porque me di cuenta de que por algunos años olvidé parte de lo que es realmente importante: mi esencia.

A los siete años

Yo a los siete años, con mi perro Harry (mi amigo y confidente). Estamos en la casa frente al parque.

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